Los picnic, de moda en los renovados parques de Barranquilla

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Picnic en el parque de La Castellana frente a Buenavista. De ser posible, apague el celular o déjelo en el carro, si quiere librarse de esta esclavitud por un momento y disfrutar en familia el 'rendez-vous'.

El picnic es sinónimo de compartir alimentos al aire libre, para degustar, beber y vivir.

Este anglicismo proviene del francés pique-nique, usado a mediados de 1600 y alusivo a los ‘gourmands’ que llevaban su propio vino a las reuniones.

Sin embargo, los picnics se remontan a la Edad Media cuando cazar era una de las diversiones favoritas de las clases poderosas, compartiendo lo que capturaban en festines campestres.

En países europeos con climas más benignos que el tórrido ambiente barranquillero, el picnic es una alternativa de integración familiar los fines de semana.

En Colombia se aprecian en muchas ciudades del interior. El clima es un aliado indispensable.

El picnic forma parte de la cultura citadina llevada al parque o a un lugar campestre apacible sembrado con grama acogedora.

Fuera del calor abrumador durante nueve meses que caracteriza a Barranquilla y ante la falta de parques adecuados, seguros y decentes, hasta hace algún tiempo era impensable hacer picnic en nuestra ciudad.

Las dos últimas administraciones, como nunca antes en la historia local, se dieron a la tarea de recuperar todos los parques. De hecho, el programa ideado por la anterior alcaldesa y que aún perdura, se llama: ‘Todos Al Parque’.

Elsa Noguera rescató 60 y Alex Char promete 120 más y a fe que lo está logrando.

Uno de los sitios preferidos es el nuevo parque lineal del Lago del Cisne, quizás el único que ofrece el valor agregado de un cuerpo de agua, salvado en hora buena de la extinción.

Desde que contamos con estos espacios públicos de integración y encuentro, es común la imagen de la familia que espera a que el sol baje después de 4.00 de la tarde, para darle rienda suelta a un nuevo plan de recreación.

Previamente en casa, mamá ha organizado la típica cesta de mimbre llena de alimentos prácticos, que sin ninguna prisa se consumirán, deleitándose con el incomparable paisaje campestre que regala el Lago Rondón.

Si uno va al Cisne un fin de semana o festivo, es normal ver a las familias colocando sobre el tradicional mantel a cuadros rojo y blanco, luego la canasta de mimbre o fiambrera, para departir en un ambiente libre de contaminación en territorio porteño.

Otros parques, como el Sagrado Corazón y el Lineal de La Castellana, emularon el ejemplo del único cuerpo de agua local de este tamaño que tiene parque.

En La Castellana, con parque donado por Argos, decenas de familias esperan el atardecer y permanecen allí hasta las primeras horas de la noche.

Así se demuestra que hay una opción diferente a enclaustrarse en un mall o centro o comercial, a vitrinear o deambular por los pasillos por larga horas, antes de regresar a casa. o quedarse en casa haciendo ‘locha’ frente al televisor.

Los invitamos este fin de semana o el 20 de julio, ‘Día de la Independencia’, a compartir un autentico picnic, evocando la libertad, el amor, la unión familiar, tiempo y espacio donde el reloj y el celular son lo de menos.

Jaime Rueda Domínguez

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