Othon Dacuhna: “¿Dónde está la bolita?”

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El Junior de Barranquilla 1966. Todavía no existía la tribuna de madera sobre la 72, habilitada para la Copa Libertadores de 1971. Othon Dacunha aparece en la segunda línea, de 5o. de izquierda a derecha entre Ayrton y Carlos 'el papi' Peña. Foto Deporte Gráfico.

Othon Alberto Dacunha llegó a Barranquilla a los 24 años en abril de 1966, al lado del mundialista Dida y del “loquillo” Ayrton Batista Dos Santos.

Otho jugó 9 temporadas con la rojiblanca hasta el 74; Dida jugó hasta el 68 y Ayrton hasta el 69. Anotó 40 goles y lo dio todo en el club.

Carioca de nacimiento, de corte de cabello militar hasta el último día de su vida y siempre se colocaba en cuclillas a la izquierda en las fotos.

Cuando aparece esta trilogía de cracks brasileros, el torneo ya llevaba tres meses.

En diciembre ganaba el titulo el equipo que más puntos acumulara a lo largo del año.

El Junior reaparecía en el torneo de la Dimayor trece años después de haberse declarado en bancarrota en 1953.

En el 66 no había torneo apertura ni finalización, esquema copiado del fútbol argentino y mucho menos, Liga Águila 1 y 2.

En esa época no se hablaba de “Juniormanía”, pero la había.  Yo vivía en la 76 con 47 a menos de 4 cuadras del estadio Municipal, que aún no había sido bautizado ‘Romelio Martínez”.

Teníamos que irnos a las 10.00 de la mañana los domingos que jugaba en Barranquilla el equipo dirigido por Marinho Rodríguez De Oliveira, si uno aspiraba a conseguir un puesto apretujado en la tribuna de ‘Sombra’ o  la techada y lo único que sobrevivió a la reforma que acaban de hacerle al escenario.

Además, estaba la tribuna de “sol”; luego se agregó una tribuna intermedia que llamaron  “sombra lateral”.

No nos digamos mentiras, los barranquilleros íbamos al estadio a ver el “jogo bonito’ que regalaban los jugadores de Brasil.

El municipal en sus buenos tiempos. Lleno hasta las banderas. Cortesía La banca de Atrás.

Esta escuela gustaba y reinaba en la ciudad. Cuando llegan Dacunha, Dida y Ayrton, encuentran un equipo montado sobre la base de la tierra de la samba: Nilson Bruno, Roberto D’Amarl, Laerte, Roberto Botejara, Othon Valentín, Benedicto Custodio Ferreira ‘Escourinho’, y los hermanos Paulo Cesar Lima  y Federico Rodriguez, estos últimos, hijos del entrenador Marinho.

Recuerdo que camino al estadio, por la carrera 47 con calle 72, había una venta casera de empanadas chilenas a $5 pesos la unidad.

Por ahí pasaba los domingos antes de ingresar al estadio donde eran famosos “hablando Armando”, un vendedor de butifarra que sonaba su palangana de lata con el cuchillo, huevos cocidos, pimienta, sal y limón, y quien hacía alarde de una puntería y fuerza para lanzar una tira de butifarras desde abajo de la tribuna, hasta la parte superior y desde allá le arrojaban el billete que venía dando tumbos hacia abajo.

En la tribuna de “sol” era bien conocido “el sangre”, un vendedor de guarapo oriundo del Valle del Cauca, quien tenía una enorme cicatriz en el cuello y hacía una deliciosa bebida amarillenta, traslúcida, con pedazos de piña.

DONDE ESTA BOLITA

“Dónde está la bolita”, frase de Edgar Perea que solo utilizaba cuando Othon Dacucha tenía el balón en su poder.

Apenas comenzaba a imponerse en la plaza “el internacional” Edgar Perea, quien había llegado desde Cartagena.

Debemos admitir que primero fue, Tomás Barraza Manotas, el dueño de la sintonía por La Voz de la Patria, hasta que aparecio Edgar Perea.

Tomasito fue el pionero de los viajes al lado del equipo cuando jugaba de visitante, patrocinado por Cerveza Águila.

Después se sumaron Perea Arias, Efrain Peñate, Róger Araújo, Hernando Mendoza Ripoll, Lao Herrera, etc.

No pasaron muchos días para que la afición descubriera la prodigiosa y emotiva voz de Edgar Perea.

Literalmente fue: “Quítate tu pa’ ponerme yo”, como dice Hector Lavoe con la Fania.

“El Campeón” tenía una convicción: “Conozco cuando un jugador es crack solamente con verlo parar la pelota”.

Y Othon Dacunha no fue la excepción. Desde que agarró el primer balón, la hinchada entendió enseguida que de Brasil Junior había un contratado un verdadero crack en la punta derecha. Puntero puntero, de raya.

Dacunha y Viíctor Ephanor en 1972, otro de los más grandes jugadores brasileros que pasó por el Junior.

En 52 años que tenemos de estar viendo fútbol, no dudamos que Othon es el mejor puntero derecho que han tenido los “tiburones”.

Es más, en su época, solamente se le acercaba el alero derecho, uruguayo, del Deportivo Cali, Roberto Alvarez.

Era tal el dribblin, amague, regate o gambeteo de Dacunha, que le mostraba el balón al adversario, lo desafiaba a que se lo quitara, para luego en una gambeta corta dejarlo regado, tirado en el piso,  y pegado a la raya sacar el centro atrás o al segundo palo.

Edgar Perea, entonces, en una  transmisión, se inventó la frase “donde está la bolita” , porque el brasilero no la prestaba.

Imperaba mundialmente el sistema 4 – 2 – 4; se jugaba más para la tribuna, para el aplauso, el óle y el lucimiento personal.

Si Dacunha jugara hoy, no lo bajaban de gandío, charúa o “suelta esa vaina nojoda”.

TRAEN A GARRINCHA

En 1968 las directivas del Junior contratan para pagarle por partido jugado, sin contrato, al mejor puntero derecho de la historia: Manoel Dos Santos “Garrincha”, Mane, el de las piernas gambadas y quien estaba rendido a los pies de la vedette brasileña Elza Soares.

Elza Soares y Garrincha

El 25 de agosto de 1968, Manoel Dos Santos Garrincha, el  dos veces campeón del mundo con Brasil en Suecia 58 y Chile 62,  se enfunda la casaca tiburona.

Le iban a pagar  600 dólares por partido. Esa tarde en el Municipal fue “debut y despedida”, como la vieja balada de Los Angeles Negros.

Fue su  único partido, contra Santa Fe. Al cabo de algunos días se marchó al no llegar a Barranquilla Elza Soares, que le robaba el sueño y el corazón.

Júnior perdió 3 x 2. Los goles capitalinos los hicieron  Alfonso Cañón en dos ocasiones y Delio ‘Maravilla’ Gamboa.

Por los tiburones anotaron, Ayrton Batista Dos Santos (El loquillo) y Eduardo Texeira “Maravillita” Lima.

Un Garrincha regordete se dedicó a tirar centros  a la olla desde la punta derecha y pare de contar. No hizo más nada.

Mientras estuvo en la ciudad se bajó en la casa de Othon Alberto Dacunha, cuando vivía al carrera 42F con calle 80, diagonal a la casa de Edgardo Sales, mi compañero de pupitre del San Jose. Todavía recuerdo el # del teléfono de la casa de Edgar, 47404.

Me parece ver a Garrincha en el antejardín de la casa de Dacunha, pateando un balón, a pecho pelao, en pantaloneta negra desteñida, tenis blancos sin medias y una camiseta amarrada en la cabeza.

Esta fue rapidamente, mi percepción personal del Othon Dacucha que recuerdo a la hora de su partida.

Lo demás ha sido escrito y repetido muchas veces a lo largo de este medio siglo.

Es la historia de este brasilero, que nunca aprendió a hablar perfectamente el español, ni perdió su acepto portugués.

Noble, callado, discreto, excelente jugador, que se enamoró de Barranquilla y jamás se marchó.

Anualmente en diciembre visitaba sus hermanos en Río, para regresar despues de fin de año a la tierra que lo acogió para siempre.

Jaime Rueda Domíguez

 

 

 

 

 

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