Ayer, en la Billo’s Caracas Boys, hoy, en las calles de Barranquilla

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El saxo del venezolano Marco Benvenutto, afectado por la crisis de su país. Cortesía El Heraldo.

POR: JAIME RUEDA DOMINGUEZ

En las mañanas barranquilleras frescas de enero, de cielo limpio y brillante, las notas melódicas de un saxo desconocido, arrullan los oídos de los transeúntes que pasan presurosos por la carrera 46 con calle 53, esquina del Portal del Prado.

Refugiado en la sombra que proyecta el mall, un hombre de cabeza algodonada arranca la música de un saxofón poco bruñido que cuelga sobre su pecho.

Nuestro juramento, de Julio Jaramillo; La Piragua, de José Barros; Roberto Ruíz, de la Billo’s Caracas Boys, y algo de jazz, son algunas de las famosas canciones que ambientan el sector, aún aletargado por el comienzo de año.

Carátula del long play Billo 77, donde viene el porro Roberto Ruíz.

Se llama Marco Benvenutto Rangel, venezolano, de ascendencia italiana, y músico de profesión, quien se halla en Barranquilla solo por sobrevivir.

A sus 60 años es uno de los dos millones de personas de la diáspora venezolana que tuvieron que abandonar su tierra, por el caos social y económico que convulsiona a la hermana nación.

Marco hace una pausa en su set de concierto callejero.

Los transeúntes le dejan monedas y uno que otro billete en el maletín donde guarda su “instrumento jorobao, flaco y curvo”, como lo definió Manolo Monterrey en su guaracha Mi saxofón. Y el artista le cuenta a AL DÍA su trayectoria musical y su desgracia.

“Hice parte durante unos 15 años de la Billo’s Caracas Boys, en la época del maestro Billo Frómeta.

También estuve 25 años con Germán Carreño e igualmente toqué con la orquesta de Porfi Jiménez.

Marco Benvenutto Rangel en sus tiempos con la Billo’s Caracas Boys.

Tres grandes del pentagrama latinoamericano que todos conocen muy bien en Colombia”.

A la música llegó por vocación, herencia familiar, pero también se formó en la academia.

“Estudié solfeo y todo el género musical, teoría de la música y soy profesor de canto con tendencia americana e italiana”, afirma.

Tácitamente está aclarando que su saxofón callejero no es improvisado.

Benvenutto tomó la decisión de abandonar su patria luego de estar dos años de brazos cruzados.

“Allá la crisis también tocó al arte. No hay orquestas ni grupos donde trabajar.

[En 2017, nos comentaba, Saúl Campanella, propietario de Voces de Billo Hoy,  que en Venezuela había orquestas famosas a las que no les había salido ni solo un toque ese año].

Benvenutto continua su triste relato:  “Faltan presentaciones y prácticamente no hay grabaciones”, al tiempo que trata de retomar una nueva melodía que deja inconclusa para proseguir su endecha.

A Colombia llegó a principios del año pasado, y Santa Marta fue su primera escala.

Le llamó la atención la ciudad por su condición turística. “Me estaba yendo bien, pero la mala suerte me alcanzó lejos de casa. Una buseta de pasajeros me llevó por delante y me dejó maltrecho”.

El saxofonista afirma que se vio muy mal, al punto que le practicaron dos cirugías en la cabeza, pues “tuvo compromiso de cerebro”, como explican los médicos en sus reportes.

“No estoy bien del todo, aún está pendiente una cirugía, pero tengo que salir a ver qué consigo para seguir viviendo”, dice con tono lastimero.

Nuestro artista no se queja de su auditorio ambulante.

Reconoce que en Barranquilla la gente aprecia el ritmo de sus melodías, aunado al sentido de solidaridad que ha encontrado entre todos los colombianos.

Lo que recauda le da para pagar una pieza modesta en un hotel barato en el Centro, para no morir de hambre. Incluso, ahorra algo y lo envía a la familia en Valencia.

Su jornada la inicia a las 9 de la mañana y se extiende hasta por 12 horas.

Cuando no está en los alrededores del Portal del Prado, se va por los lados de la Gobernación.

Antes de la vacancia judicial alegraba con su música las afueras de los juzgados.

Marco Benvenutto Rangel tiene planeado por estos días, regresar a Venezuela y reencontrarse con su familia, luego de esta inesperada ‘gira musical’ que le deparó la crisis de su país.

Todavía no tiene claro si se regresa, pues reconoce que aún le cuesta pararse en una calle a mostrar su arte, y esperar la ayuda del público.

“Siento como si me dijeran: ‘Toca a ver si te puedo dar algo…’”

Paradojicamente para Benvenutto Rangel, allí, enfrente del Portal del Prado, donde están las torres de apartamentos Nelmar, cuando era el Salón Veracruz, tocó por primera vez en Barranquilla la Billo’s Caracas Boys el 8, 9, 10 y 11 de febrero, las 4 noches de Carnaval del 64.