Recuerdos de España de un barranquillero

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El desaparecido Club Unión Española.

Desde los dos años puedo desempolvar de mi memoria recuerdos que me ligan a España, como su música, sus artistas, su influencia social y gastronómica en Barranquilla, su televisión, por lo que me va a resultar muy amena y entretenida hacer esta crónica.

En 1957 mi madre colocaba en el tocadiscos Philips de la casa los chotis y cuplés de Sarita Montiel: El relicario, Ven y ven, Fumando espero, La violetera, la Chica del 17, La Madelón (famosa marcha de la I Guerra Mundial), Nena y Balance balance, entre tantas. Obviamente, mis padres vieron las películas El último cuplé y La violetera.

Estudié segundo y tercero elemental en el Colegio Infantil de San José de la Compañía de Jesús, al cuidado de monjas españolas y paisas. A una religiosa de la tierra de la paella yo la sacaba de quicio y me blandía un cinturón negro brillante y públicamente: “Ay Rueda, te voy a dar una zurra”. Tenía 7 años.

En primaria recuerdo a un niño de origen canario, Luis Piqueres de Miguel, zurdo, bajito, pecoso, de piernas gambadas. Vivía en la calle 84 al lado de iglesia La Torcoroma. Un noviembre antes de marcharnos felices a vacaciones de fin de año, Piqueres cantó: “Arriba las vacaciones/abajo el estudiar/los libros por los rincones y nosotros a jugar”. La tonadilla aún me la sé.

De mi paso por el colegio me acuerdo de tres religiosos de origen español. En 1968 el Prefecto León Merino, a quien todos le teníamos pánico por su carácter de hierro, y dos vascos: el hermano Aguirre que atendía el conmutador y abría la cantonera de la entrada, con su saludo “Ondo bizí Ondo bizi eta ondo il (“vivir bien y morir bien”), y el ecónomo, Ramón Sagastume “Moncho”.

Con Luis Luque Narváez, terminé bachillerato en 1971 y hemos mantenido una amistad  que ha perdurado más de cinco décadas. Lucho es de madre malagueña y abuelos también españoles, y su padre, aunque nació en Barranquilla, era de ancestro ibérico.

Nuestro profesor de francés era un español, Francisco Rodrigo, vivía en la calle 68 con Olaya Herrera (en el barrio Boston), a pocos metros del apartamento de Camilo Samper. Cuando l sacábamos de quicio nos decía: “Ustedes son unas acémilas” (mula o macho de carga). En el Anuario de 1971 Paco le dedicó a los Promoción que dejaba las aulas el hermoso escrito: “IUVENIS IMBERBIS…¿QUO VADIS? (Jóvenes imberbes ¿a dónde van?

Siendo aún niños, vimos en el teatro Colón las películas de Joselito (El niño y el toro); de Marisol (Marisol rumbo a Río) y de Rocío Durcal, el amor platónico de muchos adolescentes (Más bonita que ninguna).

Mi padre me dijo que las compañías españolas de zarzuela al pisar Colombia, debutaban por Barranquilla en el Teatro Apolo (hasta 1946 cuando fue demolido). Después, seguían hacia el interior del país.

No he olvidado una parte de la letra ni la música del pasodoble ‘El beso’, con Los Churumbeles de España, cantando Juan Legido. En la casa estaba el disco y lo escuché muchas veces en mi primera infancia, en la radiola Philips con aguja de diamante:

“La española cuando besa, olé/es que besa de verdad, olé/ y a ninguna le interesa, olé/besar con frivolidad/el beso, el beso, el beso en España/lo lleva la hembra muy dentro del alma/le puede usted besar en la mano/o puede darle un beso de hermano/así, la besará cuando quiera/pero un beso de amor no se lo dan a cualquiera”.

Datos sueltos

Mi padre compraba en la panadería La Española (de españoles), en la 43 con 51 (20 de Julio con Bolivia); frente al Colombo Americano, y en la panadería Levante, en la Kra 44 con calle Murillo.

Entrañable, el Patio Andaluz del Hotel del Prado con sus hermosos pisos, arcadas y columnas.

En la esquina de mi casa en la 76 con 47 estaba la Papelería Cervantes de don Ramón Cervantes (español).

Para el Mundial de Fútbol España 82 tuve mi Naranjito, la mascota oficial.

Cuando en Colombia comenzó la televisión por cable en 1994, mi canal favorito era TVE y los programas “El Gran Juego de la Oca” y “Cocina abierta” del chef Karlos Arguiñano.

Para mi gusto musical, el mejor cantante español de todos los tiempos es el valenciano Nino Bravo (1944-1973).

Me encantan dos canciones compuestas por Agustín Lara: Madrid y Granada. Y una zarzuela inolvidable la “Mazurca de Las Sombrillas”, de Luisa Fernanda, disco que también estaba en mi casa desde finales de los 50.

No me olvido del Club Unión Española, construido por el arquitecto español, Luis Molinas Malleus, inaugurado el 26 de julio de 1947 con un suntuoso baile social; luego vendida a Cajacopi en 1996 y finalmente tumbada en 2014, dejando el contentillo de la facahada.

Mi bebida favorita, la sangría. Se asegura que la butifarra soledeña es de origen catalán; que por cierto las acaba de probar mi último nieto en la visita más reciente y les fascinaron.

La madre del maestro Billo Frómeta, la señora Olimpia Pereira, era de las islas Canarias. Por eso su devoción para componer e interpretar magistralmente pasodobles, rumbas flamencas, boleros morunos y cumbias gitanas, con su orquesta la Billo´s Caracas Boys..

Inolvidable la “Tasca la Silla Coja”, de Hernán Córdoba Morissi (en 20 de Julio con la 68 frente al Teatro San Jorge). Tal vez el único sitio en Barranquilla para las noches de bohemia que, además de comida española, tenía tablao y flamenco en vivo.

Y la única vez que estuve en la Plaza de Toros Monumental del Caribe (vaya nombre) fue en 1984, para un corrida de toros bufa; estaba con mi esposa y mis hijas aún en la primera infancia.