Las gomitas de eucalipto de la Farmacia Bolivariana

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Ahora que se habla tanto de la importancia del eucalipto para combatir el Covid-19 en su etapa inicial, recuerdo la Farmacia Bolivariana de don Diego Bolívar.
 
Quedaba en el callejón de El Progreso con la calle Bolívar esquina (Kra 41 calle 41) en pleno Centro.
 
A pocos metros tenía su consultorio el odontólogo, Alberto De Andreis. En el entorno estaban la Empresa Municipal de Teléfonos, la Floristería Barranquilla, Foto Emidela, el edificio OK, la Casa Musical, El Volga, la Farmacia Unión, la casa Rosada, en fin.
 
Mi padre era amigo personal de don Diego y prefería darse el paseo hasta el Centro para buscar los medicamentos, cuando se necesitaban, en esta botica o en Blanco y Roca, en 20 de julio con San Blas, primer piso. Se quedaba un rato pegando su conversada.
 
Excepto la Nueva York, no existía ninguna de las cadenas modernas de droguerías que hoy conocemos.
 
En el segundo piso de la 43 con 36 funcionaba el Club Barranquilla. Allí mismo sobre la 43, Movilla, la Librería Nacional, el bar y repostería El Metropol, Murcia, La Gran Vía, Ropa El Roble, Aures, entre otros.
 
Sobre San Blas, viniendo de Progreso hacia Cuartel: Los Muchachos, Papelería Barranquilla, Casa Clavería, Heladería Americana, Calzado Puyana, el Teatro Colombia, Caravana, Discos Daro, Farmacia Santa Cruz, Calzado Luxor, Confecciones Gober, Panadería Central, el Hotel Victoria, Almacén El Ganadero y la Oficina de Instrumentos Públicos. También El Tía y Mogollón.
 
No había ventas ambulantes que estorbaran el desplazamiento del peatón. Todo era limpio, pulcro, seguro, y como no había malos olores era un deleite caminar esas cuadras cortas  del Centro e irse a pie, si era necesario, desde la calle Murillo hasta la 30, al mismísimo Mercado Público.
 
Y al Centro no se iba de “Miranda” ni de “Robayo”. Todos compraban a buen precio, productos nacionales e importados, para luego regresar a nuestros hogares en carros particulares, taxis, que no había muchos, o en cualquier bus porque todas las rutas confluían en el Centro, una inveterada costumbre del transporte público local aún vigente.
 
Regresando a la Farmacia Bolivariana, don Diego vendía unas gomitas de eucalipto color verde, recomendadas para la garganta y las vías respiratorias, que despachaba en unas bolsas de papel diminutas, color blanco.
 
Hace poco en las cajas de las Olímpicas las vi y las reconocí inmediatamente.
 
La cajera me dijo que se quedaban porque la gente no sabía qué eran.
 
Igual está ocurriendo con los pasabocas a base de wasabi, la pasta de color verde infaltable en un sushi. Ya las “bolitas” las venden en los supermercados, pero pocos se interesan en saber con qué se comen.
 
A propósito de eucalipto, Miramar es el sector de Barranquilla donde más se aprecia esta especie arbórea, originaria de Australia y Tasmania.