El estadio Metropolitano está cumpliendo 40 años

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Cuando el Junior de Barranquilla reaparece en 1966 en el torneo de la Dimayor, luego de estar por fuera de competencia durante 12 años, comenzó la primera “juniormanía”, aunque si somos sinceros nunca se le denominó así.

Barranquilla ya no era la vieja “Arenosa” de la década del 30, cuando se inauguró el estadio Municipal y nuestra tierra sólo tenía 130.000 habitantes.

El escenario llamado luego Romelio Martínez tenía un aforo inicial para 11.000 espectadores.

Fue el recinto principal que albergó los Juegos Atléticos Nacionales de 1935, por cierto a cuya inauguración asistió mi padre, Daniel Rueda García, acompañado de Rubén Navarro Serge, el primer amigo que conoció cuando pisó esta ciudad en 1931. Allí también se celebraron los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946.

Con la llegada de los primeros brasileros, Dacunha, Ayrton, Dida y otros más, nace un fervor por el “jogo bonito” y al coliseo de la 72 teníamos que irnos desde las 10 de la mañana para encontrar un asiento en las incómodas tribunas de Sombra y Sol, las únicas que había.

Después, la alcaldía construyó una intermedia mal llamada Sombra Lateral, donde había que chuparse también tremenda asoleada.

En el Romelio el fútbol se veía de pie. Y así surgió la necesidad de por lo menos ampliarlo, antes de que surgiera la idea de hacer uno nuevo en otro sitio.

A finales de los 60 comenzaron a construirse detrás de la tribuna de Sol unas graderías que empezaron donde hoy está el parque Luis Carlos Galán y según la proyección que llevaban terminarían en el Ley de la 72 donde estuvo el grill-restaurante Chop Suei, ahora un Tierra Santa.

La obra fue abortada, esa inversión se perdió y el ingenio popular lo bautizó “las tribunas de la vergüenza o las tribunas del despilfarro”.

Pero la necesidad seguía y, mucho más, después de que el Junior conquistara allí sus dos primeros títulos en 1977 y 1980.

La historia se repitió hasta 1978, siendo presidente, Julio César Turbay Ayala y gobernador del Atlántico el ingeniero químico, Pedro Martín Leyes Hernández.

En ese momento y desde 1974 Colombia había sido designada por la FIFA sede de la Copa Mundo de Fútbol 1986 y Barranquilla aspiraba a ser una de las sedes.

(Lamentablemente en 1982 el presidente Belisario Betancur declinó a este honor y en una alocución televisada le dijo al país que Colombia no estaba dispuesta a complacer “las extravagancias de la FIFA”).

Martín Leyes presenta a Turbay el proyecto para construir un nuevo estadio, con el apoyo de Coldeportes, en terrenos del Inscredial al sur de la ciudad, al lado de la Ciudadela 20 de Julio.

Ya Martín Leyes tenía en marcha otras iniciativas como la vía Circunvalar, la Central de Abastos del Caribe y la Terminal de Transportes, estas últimas en Soledad.

Sus críticos se burlaban de él y le apostaban a que el proyecto del nuevo estadio fracasara. Dos senadores liberales de ascendencia libanesa, ya fallecidos, le decían con desdén que era “un soñador de maquetas”.

El presidente Turbay apoya la iniciativa y puso la primera piedra 7 de diciembre de 1979. Nace la promotora Metrofútbol, siendo su único gerente hasta terminar los trabajos y un tiempo más, el arquitecto Jaime De Biasse Álvarez.

Las oficinas quedaban en el primer piso del edificio de la Cámara de Comercio, sede principal de la calle Santander.

No se puede desconocer que Pedro Martin Leyes fue el gran gestor de esta obra, uno de los símbolos de la capital del Atlántico.

La obra tardó casi 7 años en ser terminada y por fin se pudo inaugurar el 11 de mayo de 1986.

Algunas cifras

El Metropolitano costó $1.600 millones, de los cuales la nación aportó $950 millones, el Departamento del Atlántico $500 millones y el Municipio de Barranquilla $150 millones. Lo construyó la firma Valorcon del ingeniero, Julio Gerlein Echeverría.

Vino a ser llamado “Roberto Meléndez” 5 años después, en 1991, luego de una persistente campaña del periodista deportivo, Chelo de Castro, quien por años y sin aportar un sola prueba aseguraba sistemáticamente que “el Flaco” durante su trayectoria como futbolista amateur había anotado más de 500 goles.

Hay que recordar que Meléndez nunca jugó balompié profesional y cuando nace el torneo de la Dimayor en 1948 ya había cumplido 36 años y estaba retirado.

Hoy, 11 de mayo de 2026, recordamos el partido inaugural entre la Selección Uruguay que se preparaba para el Mundial de México 86 y el Junior de Barranquilla.

Con “la celeste” venía su máxima estrella “el príncipe” Enzo Francescoli, quien anotó el primer gol en el Metro; y por los tiburones, José “el Perilla” Angulo, incrustó su nombre en la historia como el primer anotador de los tiburones.

Hay un montón de detalles más asociados a este día, como la asistencia oficial de 56.000 espectadores y la taquilla de 26 millones 975 mil pesos.

Seguramente este lunes correrán ríos de tinta evocando esa historia y que tres días después el Metro volvió a llenarse con la selección Argentina de Maradona.

Lo que no olvidaré jamás es que el 11 de mayo de 1986 mi papá y Daniel, mi hermano mayor, me acompañaron a esa cita histórica. Fue la última vez que el viejo fue a un estadio.

En Radio Piloto donde iniciamos Noticias Ya un año atrás, Dorian Fayad María, Oswaldo Sampayo Covo y este servidor, invitamos a que narraran el partido inaugural a Guillermo Rodríguez Figueroa (hoy en la cumbre de sus 100 años), Armando cabrera Muñoz (Arcamuz) y Juancho Illera Palacios.

La celebración de los 40 años del Metropolitano queda aplazada para la reinauguración, ya que actualmente está siendo sometido a una remodelación y ampliación para la final de la Copa Suramericana el próximo 21 de noviembre.