Lo que la tecnología se llevó para siempre (Crónica).

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Getty Images.

Hace unos años y estando muy pequeño mi segundo nieto me sorprendió escribiendo en mi máquina de escribir ‘Brother’, que aún conservo; frunce el ceño y sale corriendo para la sala a llamar a su hermano mayor: “John ven, el abuelo tiene un computador de los de antes”.

Mientras asistía a la Asamblea de Monómeros, ya en la era Chávez, me acerqué al presidente, un ejecutivo venezolano, y le comenté que desde niño seguía a la orquesta Billo’s Caracas Boys. inmediatamente me cuenta esta anécdota: “Imagínate, estaba en mi casa en Caracas y saco del estuche un long play de la Billo´s. Cuando lo ve mi nieto me dice: ¡Ay abuelito! ¿de dónde sacaste ese CD tan grande?”.

En un evento internacional de Fenalco en Barranquilla, un invitado relató que en México un niño le preguntó a su abuela: “¿Abuelita, ¿cómo te enamoró el abuelo? esta le responde: con cartas. ¿Con cartas? responde el menor, y le suelta esta perla:  ¿Y por qué no chateaban?”. (Los tres relatos son reales).

Esto para significar que el mundo en que nacimos y nos criamos generaciones atrás, es desconocido e incomprensible para los niños y jóvenes de hoy.

Con esta crónica solo pretendemos hacer un ejercicio mental sobre un “ruple” de cosas y costumbres que eran tan comunes en nuestra época y que en este 2026 son casi que prehistoria. Los invito a que repasemos lo que la tecnología, la Internet y la era digital enterraron en el pasado.

Los marconigramas, los teléfonos públicos monederos, las tarjetas de Navidad, los  radioaficionados, los aires acondicionados de ventana, los faxes, las cartas de amor (ahora son por correo o WhatsAAp), las enciclopedias físicas y las llamadas de larga distancia vía Telecom.

Igualmente, ya no se ven las radiograbadoras, investigar en bibliotecas, los videoclubes, tiendas físicas tradicionales, muchos periódicos y revistas impresos, los despertadores físicos, los buscapersonas, los beepers, las agendas digitales, los cines descubiertos, las cámaras digitales compactas, las videocámaras, los rollos de fotos y los álbumes físicos.

También, las máquinas de escribir manuales, los radios portátiles, las grabadoras de voz, los mapas de papel, los atlas, los walkie-talkies, las calculadoras de bolsillo, los blocks de notas y agendas, las cámaras fotográficas convencionales, los discman y reproductores de MP3 y los teléfonos inalámbricos.

Ya no se imprimen los tiquetes aéreos, ni se ven campaneros en los colegios o los tableros con tiza; los termómetros de mercurio fueron  reemplazados por termómetros digitales, de galio (galistano) con una aleación no tóxica.

En la arquitectura e ingeniería, las maquetas físicas fueron sustituidas por los renders, cambiando el paradigma de la construcción.

Hoy son una neblina en el tiempo, los reproductores VHS/Betamax y DVD, los radios de transistores, los televisores de tubo y las antenas aéreas; ni qué decir el papel carbón.

Con la masificación del servicio de gas domiciliario, las estufas eléctricas prácticamente han desaparecido.

Con el surgimiento del Air Fryer (freidora de aire), los hornos microondas van camino de la obsolescencia.

Aunque los más nostálgicos todavía consiguen plumas fuentes recargables, es inevitable que con el tiempo caigan en desuso.

La televisión por cable enterró las gigantescos antenas parabólica de los 80.

Las viejas licuadoras de vasos metálicos fueron sustituidas por modernas licuadoras industriales.

En contabilidad, el tradicional kardex físico ha sido reemplazado por el software de gestión de inventarios.

El código de barras tradicional, tan reciente, está siendo reemplazado por el código QR.

Con el auge de la Inteligencia Artificial (IA) los algoritmos están reemplazando, principalmente, tareas cognitivas y decisiones humanas rutinarias.

En la construcción los acelerantes tradicionales alcalinos, están están siendo sustituidos por acelerantes no alcalinos, mejorando la seguridad laboral y la durabilidad a largo plazo.

El bombillo tradicional ha sido reemplazado por la tecnología LED y esta será desplazada por la OLED, en iluminación y pantallas, ofreciendo mayor eficiencia energética, menor consumo eléctrico, luz más uniforme y un diseño ultradelgado.

Desde la pandemia, muchos restaurantes eliminaron la carta física por la carta digital, una versión electrónica e interactiva del menú.

En las tiendas de barrio el peso electrónico hizo olvidar a las básculas y balanzas mecánicas y a las tradicionales balanzas de platillo.

Ahora, las suelas de los zapatos se fabrican mayoritariamente con materiales sintéticos, como goma termoplástica y poliuretano. Las suelas de cuero están reservadas para las casas de modas de lujo.

Tristemente, la automatización y la tecnología acabaron con estos oficios: carteros en bicicleta, faroleros, telefonistas, despertadores humanos, ascensoristas, celadores, serenos, lecheros y ayudantes de buses, entre tantos.

La tendencia a usar cada vez más calzado deportivo y cómodo, están dejando sin trabajo a los lustrabotas o emboladores.

Las corbatas, pañuelos y medias, cada día se venden menos, al dejar de usarlos una creciente población masculina.

Los discos compactos (CD) fueron reemplazados por formatos de música digital (MP3) que pueden guardar cientos de canciones en un solo lugar. También, el servicio de streaming como Spotyfi y medios de almacenamiento físico de mayor capacidad.

Deezer, la plataforma de música streaming francesa, permite escuchar millones de canciones sin necesidad de descargarlas.

Se acabaron los fotógrafos callejeros de la calle San Blas; los panaderos en bicicleta que salían vender por las tardes y el alquiler de “Paquitos” en El Centro.

Cada vez se ven menos vendedores callejeros de raspao, galleta griega, pan de yuca, maniceros, butifarreros, dulceritos; los chatarreros ahora van en moto; poco se ven las misceláneas en carreta, niños elevando cometas y afiladores de tijeras.

Ya no se escucha a nadie decir: “Compro oro quebrado”. ¿Los estudiantes de hoy bajarán a “pica pica” a rematar sus libros usados? Ninguna emisora tiene Radioteatro como el de La Voz de la Patria.

Ya no hay vendedores de enciclopedias puerta a puerta; como la tinta mojada desapareció, ya no venden “secantes”; hasta las plañideras han desaparecido de los cementerios.

Con la eliminación de los antejardines en la mayoría de las casas, se perdieron los podadores de grama que venían de los pueblos; ya no se inyecta a domicilio como en los tiempos del señor López, ni hay inyectologías como la de Vidal.

La cívica de Carreño no se dicta en los colegios; a las secretarias no les enseñan taquigrafía; las jóvenes de ya no tejen, ni bordan (eso quedó para las abuelas)  y, literalmente,  llegan al matrimonio sin saber cómo se pega un botón.

Con lo barato que está un minuto por celular, se asegura que quien llama a un teléfono fijo es porque está muy “llevao”.

Y en la formación hogareña, la disciplina claudicó ante la permisividad y mire la juventud que hemos levantado.